La composición de un cuadro

Organización espacial en el Arte

08-nov-2009 Manuel Gutiérrez Tejedor

Notas básicas sobre la composición de un espacio apoyadas sobre ejemplos de artistas de todos los tiempos.

Las leyes que rigen la organización de los elementos de un cuadro son inmutables, porque están vinculadas con el mecanismo psicofisiológico del individuo, por lo que el modo de aplicarlas varía según la naturaleza del artista.

¿Qué es componer?

A la hora de organizar un espacio es de suma importancia tener conciencia de que las soluciones visuales dadas serán representativas de la intención del autor.

Es la etapa donde el artista tiene mayor control sobre su trabajo y sus errores serán mucho más evidentes que en cualquier otra fase.

En la confección de una composición plausible no sólo se diseña con la acumulación de elementos básicos (colores, proporciones, tonos, texturas, etc.) sino que hay que interrelacionarlos de forma adecuada según la intención y significación de la obra.

El resultado es el concepto "composición".

Fundamentos generales compositivos

Entre los fundamentos prioritarios al componer se encuentran:

  • Equilibrio y tensión:

El equilibrio es la referencia más firme de la que dispone el hombre. La opción más simple es la dada por una relación horizontal-vertical (base horizontal con eje vertical), ya que, así, los pesos relativos se pueden equilibrar (o desequilibrar según sea la intención del diseño) de manera más sencilla.

A nivel formal, la tensión es lo opuesto al equilibrio. Es el dinamismo, la fuerza y el movimiento de una composición.

Su intención es la de dirigir la mirada del espectador hacia un punto concreto.

  • Atracción y agrupamiento:

Al ver en un cuadro puntos individuales pero próximos a otros, el hombre los agrupa y forma contornos lineales aunque realmente no sea así. El ejemplo más sugerente es el de las constelaciones en el cielo.

  • Positivo y negativo: en una composición, el elemento que domina al ojo se considera positivo y el que es pasivo se considera negativo.

La visión de lo positivo y lo negativo puede ser engañosa y el hombre lo ha utilizado para crear ilusiones ópticas. Pero las relaciones entre lo positivo y lo negativo es más que un truco y el buen diseñador sabrá utilizar este fenómeno a favor de la intención compositiva de su obra.

Ejemplos en la Historia del Arte

En autores como Georges Seurat, las áreas geométricas de los cuadros pueden medirse fácilmente con la vista; reparte los elementos de sus composiciones de manera que las relaciones entre las distintas masas, sometidas a las tranquilizadoras leyes de los números, traslucen con fuerza. Ejemplo de esto, se refleja en su obra El circo.

Desde el Quatrocento hasta finales del Renacimiento, cerebros poderosos pensaban en formular sus emociones bajo ciertas ensambladuras de líneas y respectivos acordes de tono. El ojo humano exigía ser excitado por la variedad de los elementos puestos en juego y tranquilizado, a la vez, por algunas imágenes situadas con acierto.

Pero fue en el Cubismo donde tuvo lugar la primera manifestación pública realizada bajo la invocación de la sección de oro, la cual llevó las riendas de los procedimientos tradicionales de distribución armoniosa de los elementos del cuadro.

El procedimiento más sencillo, empleado antes por varios pintores, especialmente Sérusier, consiste en transportar sobre el lado mayor del rectángulo formado por el bastidor, la dimensión del lado más pequeño.

Pero existe otro procedimiento de división de superficies que posee mayores virtudes y es lo que Leonardo da Vinci llamaba Divina Proporción.

Matila Ghyka dice que la ley de crecimiento orgánico es tributaria, en ciertos casos de la sección áurea que sirve a los matemáticos para dividir una extensión en “media y extrema razón” y determinar relaciones muy excitantes para el espíritu, definidas por Vitruvio de la siguiente manera:

Para que un todo, dividido en partes desiguales, parezca hermoso, es preciso que exista entre la parte pequeña y la mayor de la misma relación que entre la grande y el todo".

Todos los cuadros del Renacimiento fueron construidos de acuerdo con este principio, que se encuentra también en ciertos frescos de Pompeya.

Poussin fue casi el único que lo adoptó en Francia, en el siglo XVII. Seurat lo aplicó en el siglo XIX y los cubistas, en particular Juan Gris, lo usaron en el siglo XX.

Saber componer

A la hora de componer no existen leyes absolutas, no quien conozca los principios básicos sabrá organizar espacios de corrido.

Sabrá componer aquel que comprenda las tensiones que tendrán lugar al disponer las innumerables partes y opciones posibles, un hecho tan voluble y cambiante que asusta desde el artista novato al más experimentado.

Por su carácter imprevisible, componer es uno de los actos más humanos que existen.

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El hombre de Vitruvio, © DA VINCI, Leonardo El hombre de Vitruvio
   
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