TerrorealistaKendell Geers26-ene-2010 Juan Pablo Colin Altuzarra
Dueño de un estilo impactante y conmovedor, el artista sudafricano explora una naturaleza humana que ha sido marcada por la represión y la violencia.
Se define como “terrorealista”, es sudafricano y reside en Bélgica. Hizo su debut artístico a principios de los noventa y de ahí no paró más. Su formación la obtuvo en su país natal, en medio de tensiones políticas y sociales que marcaron profundamente una mirada rebelde e inconformista, en la cual el arte cumplía una doble función: búsqueda y expresión. En el fondo, Kendell Geers jugó a ser libre en donde no lo era. “Vivo con la certeza de que soy una absoluta contradicción. En primera instancia, porque soy un africano blanco. Mi familia ha vivido en Sudáfrica por más de 300 años sin tener contacto con nadie del mundo, y aún así seguimos siendo extranjeros, tanto en África como en Europa”, escribió en Helsinki en 1998. Irónico, por excelencia, apunta a destruirlo todo. Su trabajo es una exploración de la vida, de la historia y -sobretodo- de las estructuras fácticas a las que responsabiliza por los abusos de poder, la violencia, la opresión y el racismo. La responsabilidad, por tanto, radica en trabajar estos temas con el propósito de generar conciencia: “un país es juzgado por su arte y como éste se ha hecho cargo de su herencia”, afirmó el artista en Johannesburgo en 2005. Ladrón de ImágenesUsando todos los recursos disponibles, el artista sudafricano suele “robar” objetos e imágenes que saca de contexto, quitándoles su significado tradicional, otorgándole un nuevo sentido para cuestionar lo convencional y adentrarse en las bases mismas del instinto humano. Miedo, deseo, culpa, sexualidad y paranoia desfilan por las obras de Geers, impactando de un modo completamente confrontacional. A la larga, es la fragilidad de la naturaleza humana la que lo fascina y de qué modo ésta ha sido reprimida a través de la historia. Por ello, el trabajo del artista no da respuestas, aún cuando sí las exige de parte del espectador. Catalogado como “niño terrible” en los inicios de su carrera, Geers intentó abrirse paso en una escena sudafricana que cuestionó incluso su credibilidad como artista. Cansado de la incomprensión, la estrechez de mente y la envidia, debió salir del país en busca de aceptación. De ahí en adelante, su participación en bienales y exposiciones colectivas de todo el mundo fueron la puerta para que Geers se hiciera de un nombre que le permitió exhibir grandes muestras personales e incluso publicar monografías acerca de su obra. El modus operandi de Geers se caracteriza por el uso de símbolos despojados de su significado y la descontextualización de imágenes. De este modo, su obra es la recopilación e intervención de cualquier tipo de información histórica, fílmica, literaria o religiosa que desordena y disgrega para proponer nuevas formas de lectura. Durante los últimos años, su temática se ha basado en la proliferación y banalización de la violencia en los medios de comunicación, enfatizando en cómo el horror es reducido a datos, ya sean sonoros o visuales. Si bien la base de esta inquietud subyace en su historia personal y la de su país natal, la obra adquiere universalidad por cuanto es la naturaleza humana la que se presenta desnuda, generando desconcierto y pudor.
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